La economía cubana atraviesa uno de sus momentos más críticos: el peso cubano alcanzó su valor más bajo en la historia, mientras el uso del dólar y otras divisas extranjeras se expande rápidamente en la vida cotidiana de la isla.
En el mercado informal, la cotización de la moneda local se ha desplomado a niveles sin precedentes, lo que incrementa el costo de productos básicos y golpea con fuerza el poder adquisitivo de la población. Cada vez más comercios, especialmente aquellos que venden artículos importados o de mayor calidad, optan por fijar precios en dólares, euros o MLC (moneda libremente convertible).
La dolarización parcial se ha convertido en una respuesta informal frente a la inestabilidad cambiaria, pero también profundiza la desigualdad: quienes reciben remesas o tienen acceso a divisas logran mantener su consumo, mientras el resto enfrenta una pérdida acelerada de su capacidad de compra.
Economistas y analistas advierten que, sin una reforma estructural que estabilice el mercado cambiario y aumente la producción interna, el peso cubano seguirá perdiendo valor. Esta situación alimenta un círculo vicioso: más inflación, mayor demanda de divisas y, en consecuencia, un debilitamiento aún más pronunciado de la moneda nacional.
La crisis actual se suma a las tensiones políticas y sociales que vive el país, donde la escasez y los altos precios marcan el día a día de millones de cubanos.
