Investigaciones científicas advierten sobre un tipo de mosquito que ha logrado adaptarse a entornos urbanos y sin cobertura forestal, lo que incrementa su potencial para transmitir enfermedades y representar un riesgo sanitario a escala global.
Este mosquito se caracteriza por su capacidad para reproducirse en espacios modificados por la actividad humana, como zonas urbanas y periurbanas, donde encuentra condiciones favorables para proliferar. A diferencia de otras especies, no depende de ecosistemas boscosos para sobrevivir.
Especialistas señalan que la expansión de este vector está relacionada con factores como el cambio climático, la urbanización acelerada y la pérdida de biodiversidad, elementos que facilitan el contacto entre humanos y patógenos emergentes.
El riesgo radica en que este mosquito puede actuar como transmisor de virus aún poco estudiados o facilitar la adaptación de patógenos a nuevos entornos, lo que podría desencadenar brotes con impacto regional o global.
Los expertos subrayan la importancia de fortalecer la vigilancia epidemiológica, la investigación científica y las estrategias de prevención para reducir el riesgo de futuras emergencias sanitarias.
