Aunque Irán y Venezuela poseen algunas de las mayores reservas de petróleo del mundo, la calidad de su crudo es muy distinta, lo que influye directamente en los costos de refinación y en el comercio energético global.
Gran parte del petróleo venezolano proviene de la Faja del Orinoco y es considerado crudo pesado o extrapesado, con una densidad muy alta y gran viscosidad. Este tipo de petróleo puede parecer casi sólido, similar al alquitrán, y contiene altos niveles de azufre, lo que obliga a usar procesos más complejos y costosos para refinarlo y transportarlo.
En contraste, el petróleo iraní suele clasificarse como crudo medio o relativamente más ligero. Aunque también contiene azufre y se considera “agrio”, su menor densidad permite que sea más fácil de procesar en las refinerías, produciendo mayores rendimientos de combustibles como gasolina y diésel.
Estas diferencias técnicas influyen en los márgenes de ganancia de las refinerías, el tipo de instalaciones necesarias para procesar cada crudo y las rutas del comercio energético mundial. En general, los crudos más ligeros y fáciles de refinar suelen tener mayor valor en el mercado, mientras que los más pesados requieren mayor inversión tecnológica para su procesamiento.
