El gobierno de Irán ha logrado mantenerse en el conflicto actual mediante el uso de una estrategia de guerra asimétrica, basada en tácticas no convencionales frente a fuerzas militares superiores.
Especialistas señalan que esta estrategia incluye el uso de drones de bajo costo, misiles de largo alcance, guerra cibernética y redes de grupos aliados en la región. Estas herramientas permiten sostener operaciones prolongadas con menores recursos.
Uno de los elementos clave es el uso de drones tipo Shahed, cuyo costo es considerablemente menor frente a los sistemas de defensa utilizados para interceptarlos, lo que genera un desequilibrio económico en el enfrentamiento.
Además, la ubicación geográfica del país le permite influir en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, lo que incrementa su capacidad de presión internacional.
Analistas consideran que esta combinación de factores permite a Irán prolongar su capacidad de respuesta pese a los daños sufridos en su infraestructura militar convencional.
