La migraña es una afección neurológica que afecta a más de 1,200 millones de personas en el mundo y se ubica entre las principales causas de discapacidad global. Pese a su alta prevalencia y a los efectos debilitantes que provoca, su origen continúa sin estar completamente esclarecido.
De acuerdo con investigaciones recientes, la migraña no es solo un dolor de cabeza, sino una secuencia compleja de procesos que involucra señales eléctricas anormales en el cerebro, activación de nervios del dolor, cambios en vasos sanguíneos, así como la participación de hormonas y moléculas inflamatorias.
Los estudios genéticos indican que entre 30 y 60% del riesgo de padecer migraña tiene un componente hereditario, mientras que el resto se relaciona con factores ambientales y fisiológicos, como el estrés, el sueño, la alimentación y cambios hormonales.
Avances científicos han permitido observar ataques en tiempo real e identificar el papel de los péptidos relacionados con el gen de la calcitonina (CGRP). Este hallazgo impulsó el desarrollo de nuevos tratamientos que han demostrado reducir de manera significativa la frecuencia de las crisis en un número importante de pacientes.
No obstante, especialistas señalan que no existe una causa única ni una solución universal. La migraña se perfila como una enfermedad crónica y sistémica, cuyo entendimiento continúa en evolución conforme avanza la investigación científica.
