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La Ciudad de México registra un incremento sostenido de temperatura desde 1990, con un aumento aproximado de 0.34 grados Celsius por década. De mantenerse la tendencia y bajo un escenario desfavorable de cambio climático, el calentamiento podría superar los seis grados en un periodo de 100 años, advirtió el investigador Erik Velasco Saldaña.
El especialista del Molina Center for Energy and the Environment presentó los datos durante el ciclo de conferencias “Resiliencia y mitigación del cambio climático en ciudades”, organizado por el Programa Universitario de Estudios de la Ciudad (PUEC) de la UNAM.
“Esto significa entre 3.4 y 3.5 grados por siglo. Y con las proyecciones desfavorables en base al cambio climático, el escenario más pesimista indica que en 100 años la temperatura podría aumentar más de seis grados”, explicó.
La proyección corresponde a un escenario desfavorable y no significa que un incremento superior a seis grados sea inevitable.
Ciudad de México se calienta 0.34 grados por década
De acuerdo con Velasco Saldaña, el aumento observado durante las últimas tres décadas equivale aproximadamente a entre 3.4 y 3.5 grados Celsius por siglo si se extrapolara ese ritmo.
A pesar de este calentamiento, el investigador señaló que la capital mexicana todavía conserva condiciones climáticas relativamente favorables en comparación con otras grandes ciudades del mundo.
Las temperaturas suelen encontrarse entre los 9 y 10 grados durante la noche y los 25 y 26 grados durante el día, explicó.
Esta diferencia entre las temperaturas diurnas y nocturnas contribuye a mantener condiciones relativamente agradables.
Como referencia, Velasco mencionó temperaturas de alrededor de 45 grados registradas entre marzo y mayo en Nueva Delhi, India, y valores superiores a los 40 grados observados en Tokio, Japón.
¿El calor ya representa un riesgo para la salud?
El investigador señaló que la Ciudad de México todavía no alcanza de manera generalizada un umbral de calor extremo que provoque afectaciones directas a toda la población.
Sin embargo, esto no significa que las altas temperaturas sean inocuas.
Algunos grupos pueden presentar mayor vulnerabilidad, particularmente personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, adultos mayores, niñas y niños, así como quienes trabajan o permanecen durante periodos prolongados al aire libre.
Además, el calentamiento puede generar efectos indirectos sobre el ecosistema urbano y las condiciones ambientales de la ciudad.
Cambio climático y urbanización elevan las temperaturas
El calentamiento de la capital no responde a un solo factor.
De acuerdo con lo expuesto durante el panel, existe una combinación entre el cambio climático y el crecimiento urbano.
La expansión de la ciudad transforma el suelo, reduce espacios con vegetación y sustituye superficies naturales por concreto, pavimento y construcciones capaces de absorber y conservar calor.
Este proceso contribuye a las llamadas islas de calor urbanas, zonas de la ciudad donde las temperaturas pueden ser superiores a las registradas en áreas menos urbanizadas.
La reducción de vegetación también disminuye la evapotranspiración, proceso mediante el cual el agua presente en el suelo y las plantas pasa a la atmósfera y contribuye al enfriamiento natural del entorno.
El calor también puede modificar las lluvias y la contaminación
El aumento de las temperaturas puede tener consecuencias que van más allá de sentir días más calurosos.
Entre los efectos mencionados se encuentran cambios en los patrones de lluvia, aguaceros más intensos y un mayor riesgo de inundaciones.
Las temperaturas elevadas también pueden modificar la química atmosférica y contribuir al incremento de determinados contaminantes.
El calor favorece una mayor actividad de algunas reacciones químicas en la atmósfera y puede interactuar con emisiones procedentes de distintas fuentes, incluidas las biogénicas, la basura y las aguas residuales.
A esto se suma un posible círculo de retroalimentación relacionado con el consumo energético.
Con temperaturas más altas puede aumentar el uso de sistemas de aire acondicionado, lo que incrementa la demanda de energía y, dependiendo de la fuente utilizada para producirla, puede generar mayores emisiones de gases de efecto invernadero.
El riesgo de incendios también puede aumentar
La falta de agua y las temperaturas elevadas representan otro desafío para la capital.
De acuerdo con lo presentado durante el panel, estas condiciones pueden contribuir al aumento de incendios, particularmente en las zonas donde la ciudad entra en contacto con áreas rurales o naturales.
La disponibilidad limitada de agua para irrigación también puede incrementar la vulnerabilidad de la vegetación.
Estos fenómenos muestran que la adaptación al calentamiento urbano requiere considerar simultáneamente infraestructura, vegetación, disponibilidad de agua y planificación territorial.
Refugios climáticos y árboles para enfrentar el calor
Durante el encuentro, Elvira Jiménez Navarro, coordinadora de campañas de Greenpeace España, planteó diferentes estrategias para adaptar las ciudades a temperaturas más elevadas.
Una de ellas son los refugios climáticos, espacios públicos o privados destinados principalmente a proteger a las personas vulnerables durante episodios de calor.
Estos sitios pueden ofrecer áreas para descansar y mantener temperaturas interiores de entre 26 y 27 grados.
También se propuso incrementar las coberturas verdes y la cantidad de árboles para reducir el predominio de superficies pavimentadas y recuperar parte de la capacidad natural de enfriamiento de las ciudades.
Aunque el escenario de un incremento superior a seis grados corresponde a una proyección desfavorable a largo plazo, los datos presentados muestran que el calentamiento de la Ciudad de México ya es observable.
Para los especialistas, conservar y ampliar la vegetación, reducir las islas de calor y adaptar la infraestructura urbana serán medidas relevantes para disminuir el impacto de temperaturas cada vez más elevadas durante las próximas décadas.

