Una multitud silenciosa se reunió el viernes en Damasco para reclamar sobre el destino de sus familiares desaparecidos en las prisiones del depuesto régimen sirio y exigir justicia.
El destino de decenas de miles de prisioneros y desaparecidos constituye uno de los aspectos más dolorosos de la tragedia siria, en un país desgarrado por más de 13 años de una guerra devastadora que dejó más de medio millón de muertos.
En la plaza del Hijaz, en el centro de Damasco, varias decenas de manifestantes llevaban fotos de miembros de su familia desaparecidos, indicó un corresponsal de AFP.
«Es hora de que los tiranos rindan cuentas», proclamaba una pancarta negra desplegada en el balcón de la antigua estación de tren de Damasco.
«Revelar el destino de los desaparecidos es un derecho», o «No quiero una tumba desconocida para mi hijo, quiero la verdad», se podía leer en otras pancartas.
Impensable hace semanas, cuando Bashar al Asad era presidente, manifestarse en Damasco ahora es posible bajo las nuevas autoridades dominadas por los islamistas de Hayat Tahrir al Sham (HTS).
Tres ONG pidieron el lunes a las nuevas autoridades que tomaran medidas para conservar las pruebas de las «atrocidades» cometidas por el régimen de Asad.
El jueves las fuerzas de seguridad arrestaron en el oeste del país a un general que dirigía la justicia militar. Se le acusa de ser responsable de la condena a muerte de miles de personas detenidas en la prisión de Saydnaya, tras juicios sumarios, según activistas.
