Las mitocondrias, conocidas como la “central energética” de la célula, han ganado atención en el debate sobre salud y envejecimiento. Estas estructuras convierten los nutrientes en trifosfato de adenosina (ATP), la principal fuente de energía celular.
Especialistas como Pinchas Cohen, decano de la Facultad de Gerontología Leonard Davis de la Universidad del Sur de California, señalan que las mitocondrias cumplen funciones más amplias que la producción de energía. También participan en procesos inmunitarios, en la comunicación entre órganos mediante péptidos y en el mantenimiento general de las células.
Con el envejecimiento, tanto el número como la funcionalidad de las mitocondrias tienden a disminuir. Durante la producción de energía generan especies reactivas del oxígeno (ROS), subproductos que pueden dañar componentes celulares. A medida que pasan los años, los mecanismos de reparación y reciclaje celular se vuelven menos eficientes, lo que incrementa el deterioro celular.
Investigaciones continúan analizando cómo el estado mitocondrial influye en la salud general y en la expectativa de vida, en un contexto donde suplementos y estrategias metabólicas han despertado interés público.
