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Sudán, el último macho de rinoceronte blanco del norte, murió en 2018 a los 45 años en la reserva de Ol Pejeta, en Kenia. Su fallecimiento marcó un punto crítico: la especie quedó prácticamente extinta, con solo dos hembras vivas, Nanjin (su hija) y Fatu (su nieta).
Sudán nació en el zoológico checo de Dvur Králové y vivió en Kenia desde 2009 hasta su deceso por causas naturales derivadas de una infección en una pata. Tras su muerte, su cuerpo fue trasladado a la República Checa para estudios científicos y ahora volverá a ser expuesto en Kenia como símbolo de la lucha contra la extinción.
Esperanzas con la ciencia
Aunque la especie está “funcionalmente extinta”, científicos de Kenia, Alemania y República Checa han logrado avances en reproducción asistida. Hasta la fecha se han creado al menos 24 embriones viables a partir de óvulos de Nanjin y Fatu, junto con el esperma congelado de Sudán y otros ejemplares.
El reto ahora es garantizar la viabilidad genética, ya que la diversidad entre los individuos es prácticamente nula. Aun así, el proyecto representa la última esperanza para salvar a los rinocerontes blancos del norte.
La amenaza de la caza furtiva
El destino de esta especie es un recordatorio de los estragos de la caza furtiva. Los cuernos de rinoceronte, codiciados en Asia y China como supuesto afrodisíaco, provocaron la drástica reducción no solo del rinoceronte blanco del norte, sino también de otras especies, como los rinocerontes negros y blancos del sur.
