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El legado de Pasquale Di Fabrizio revive en manos de un artesano angelino
En un pequeño taller de Los Ángeles, las huellas del viejo Hollywood están guardadas del suelo al techo.
Entre cajas con nombres como Elizabeth Taylor, Arnold Schwarzenegger, Liza Minnelli y Robert De Niro, se conserva una colección única: los moldes y medidas de los pies de las estrellas que marcaron la historia del cine.
La colección pertenece hoy a Chris Francis, un zapatero de 48 años que heredó el legado del legendario Pasquale Di Fabrizio, conocido como “el zapatero de las estrellas”, quien confeccionó calzado a medida durante más de cuatro décadas para figuras como Frank Sinatra, Tina Turner, Fred Astaire y Michael Jackson.
Un oficio en peligro de extinción
Francis nunca conoció a Di Fabrizio, pero conserva su legado y su taller con orgullo.
“Di Fabrizio creó para todo el mundo, desde los dueños de casinos hasta los actores y artistas de Broadway y Hollywood”, comenta el artesano.
El zapatero explica que el oficio está desapareciendo ante la producción en masa y los cambios en la industria del entretenimiento.
“Hoy las celebridades buscan zapatos gratis. Eso está acabando con zapateros como yo”, lamenta.
Un pedazo de historia en cada caja
Las cajas que rodean el taller no solo contienen moldes de pies, sino también autógrafos, dedicatorias y bocetos de diseños utilizados en películas y series.
Entre ellas, destacan piezas de Sarah Jessica Parker, Julie Andrews y Anjelica Huston.
Cada molde representa una parte de la historia del glamour clásico de Hollywood, una época en la que los zapatos eran símbolos de estilo, lujo y personalidad.
El último de su tipo
Francis comenzó su carrera fabricando ropa, hasta que una estilista del rock lo descubrió cosiendo una chaqueta en un parque.
Desde entonces, los zapatos se convirtieron en su pasión.
Aprendió observando a maestros inmigrantes que llegaron a Estados Unidos desde Irán, Siria e Italia, y que, como él, mantuvieron viva la tradición artesanal hasta que dejó de ser rentable.
“Ser zapatero hoy es extremadamente difícil”, reconoce.
“Pero mientras quede alguien que aprecie el arte detrás de un par de zapatos hechos a mano, vale la pena seguir”.
