Las restricciones de Estados Unidos a la exportación de chips avanzados hacia China han generado un efecto contrario al esperado en el desarrollo de la inteligencia artificial.
Empresas chinas han impulsado el uso de modelos de IA más económicos a través de la estrategia conocida como “token export”, que consiste en ofrecer procesamiento a bajo costo para desarrolladores a nivel global.
En plataformas especializadas, modelos chinos han incrementado su uso debido a su precio competitivo, con costos hasta 50 veces menores en comparación con alternativas estadounidenses.
Este modelo ha permitido a China posicionarse en el mercado de uso práctico de la IA, donde el costo por operación resulta determinante, especialmente en tareas automatizadas y agentes inteligentes.
La reducción de costos responde a factores como energía más barata y arquitecturas eficientes que optimizan el uso de recursos.
El fenómeno plantea nuevos retos en temas como soberanía de datos y regulaciones internacionales, en un contexto de competencia tecnológica global.
