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En Corea del Norte, donde el gobierno controla gran parte de la información, el entretenimiento y la expresión pública, la música surcoreana ha logrado abrirse paso de manera clandestina.
Canciones de grupos como BTS, Blackpink, Girls’ Generation, Teen Top y 2PM han circulado entre jóvenes norcoreanos mediante tarjetas de memoria, reproductores MP3, dispositivos electrónicos y señales de televisión captadas desde el extranjero.
Para quienes han escapado del país, escuchar K-pop no representaba únicamente una forma de entretenimiento. También era una ventana hacia una sociedad distinta, en la que las personas podían elegir cómo vestirse, qué música escuchar y a quién admirar.
En Corea del Norte solo puede existir un ídolo
La desertora norcoreana Hannah Oh resumió la situación con una frase contundente: en Corea del Norte, todo el sistema está diseñado para que exista una sola celebridad o figura de admiración: Kim Jong-un.
El régimen mantiene un fuerte culto a la personalidad alrededor del líder y de su familia. La música, la televisión y las actividades culturales están orientadas a exaltar al gobierno, la revolución y la lealtad al Estado.
En ese contexto, la aparición de artistas surcoreanos que hablan de amor, libertad, tristeza o aceptación personal representa un desafío para el discurso oficial.
¿Cómo entra el K-pop a Corea del Norte?
A pesar de la vigilancia, la música extranjera logra ingresar al país mediante diferentes métodos.
Entre los más mencionados por desertores se encuentran:
- Tarjetas SD introducidas clandestinamente.
- Memorias USB con música y series.
- Reproductores MP3.
- Discos compactos y otros dispositivos.
- Señales de televisión captadas desde países cercanos.
- Archivos compartidos entre familiares, amigos y vecinos.
La música resulta más fácil de distribuir que las películas o los dramas porque los archivos ocupan menos espacio y pueden copiarse rápidamente.
En muchos casos, las canciones circulaban sin el nombre correcto del intérprete o con archivos dañados, por lo que los oyentes desconocían qué grupo estaban escuchando.
BTS y Blackpink llegaron hasta los jóvenes norcoreanos
Kang Gyu-ri, quien huyó de Corea del Norte en 2023, recordó que una de las canciones que más llamó su atención fue Dynamite, de BTS.
Aunque no entendía la letra en inglés, la melodía le resultaba alegre y emocionante. Según relató, muchas personas comenzaron a escucharla pese a las restricciones.
También señaló que algunos jóvenes imitaban los pasos de baile de grupos como BTS y Teen Top después de ver sus presentaciones en señales de televisión extranjeras.
Blackpink también se convirtió en un referente. Gyu-ri recordó que se sintió especialmente atraída por Jennie debido a la imagen de seguridad y determinación que transmitía.
La música surcoreana mostraba una realidad distinta
Para muchos norcoreanos, ver a artistas con cabello teñido, maquillaje, vestuario llamativo y coreografías elaboradas resultaba sorprendente.
Aunque se trataba de personas que compartían idioma y origen cultural, su aspecto y comportamiento contrastaban profundamente con la vida cotidiana en Corea del Norte.
La música oficial norcoreana suele concentrarse en mensajes políticos, revolucionarios y patrióticos. En cambio, las canciones del Sur hablan de relaciones, emociones, identidad, juventud y experiencias personales.
Ese contraste permitió que algunos oyentes se preguntaran cómo era realmente la vida al otro lado de la frontera.
Escuchar K-pop puede tener graves consecuencias
Consumir contenido surcoreano es considerado un delito en Corea del Norte. Las sanciones pueden incluir interrogatorios, trabajos forzados, prisión y otros castigos severos.
Algunos estudiantes llevaban dos tarjetas de memoria: una con música extranjera y otra vacía para entregarla si eran descubiertos por las autoridades.
También se realizaban sesiones públicas en escuelas para exhibir a quienes habían sido sorprendidos consumiendo contenido surcoreano. El objetivo era intimidar al resto de los estudiantes y mostrar las consecuencias de infringir las reglas.
Testimonios de desertores también han señalado presuntas ejecuciones públicas relacionadas con la distribución de películas, series y música del Sur. Sin embargo, debido al hermetismo del país, resulta difícil verificar de manera independiente cada caso.
Kim Jong-un endureció la censura contra la cultura surcoreana
La expansión mundial del K-pop y de los dramas surcoreanos ha incrementado la preocupación del gobierno norcoreano.
La llamada ola coreana se convirtió en una poderosa herramienta de influencia cultural, capaz de mostrar una imagen moderna y atractiva de Corea del Sur.
Para el régimen de Kim Jong-un, este contenido puede debilitar la propaganda estatal porque contradice la idea de que Corea del Norte ofrece mejores condiciones de vida que sus vecinos.
Las autoridades han reforzado leyes, revisiones y castigos para impedir que la población adopte expresiones, ropa, peinados y formas de hablar provenientes del Sur.
El K-pop también cambia la forma de vestir y hablar
El impacto de la cultura surcoreana no se limita a la música.
Desertores han contado que algunos jóvenes comenzaron a utilizar faldas más cortas, teñirse el cabello, repetir palabras escuchadas en programas de televisión o copiar movimientos de baile.
En una sociedad donde se espera que las personas mantengan una conducta y apariencia similares, estas pequeñas expresiones de individualidad pueden ser vistas como una amenaza política.
Para el régimen, el problema no es únicamente que la población escuche una canción, sino que comience a imaginar una vida diferente.
Una ventana hacia el mundo exterior
Una encuesta realizada entre desertores reveló que una amplia mayoría había visto películas o dramas surcoreanos antes de escapar de Corea del Norte.
Muchos afirmaron que esos contenidos despertaron su curiosidad por la vida en el Sur e influyeron en su manera de hablar, vestir y comprender el mundo.
Para algunos, la cultura extranjera también fue una motivación para abandonar el país.
Gyu-ri explicó que el contraste entre lo que observaba en la televisión y lo que encontraba al salir a las calles se volvió imposible de ignorar.
BTS ayudó a desertores a adaptarse a Corea del Sur
Para quienes lograron escapar, el K-pop también se convirtió en una herramienta de adaptación emocional.
Lee Yeon-su, quien nació en Corea del Norte, descubrió a BTS después de establecerse en el Sur. La música del grupo y su comunidad de seguidores le permitieron sentirse aceptada y dejar de ocultar su origen.
La serie de álbumes Love Yourself, centrada en la aceptación personal, tuvo un impacto especial en ella.
Canciones como Answer: Love Myself, Idol y Spring Day ayudaron a diferentes desertores a enfrentar recuerdos dolorosos, reconstruir su identidad y procesar la separación de sus familias.
La libertad de elegir a quién admirar
Asistir a un concierto, comprar un disco o formar parte de una comunidad de seguidores puede parecer una actividad cotidiana en gran parte del mundo.
Para una persona que creció en Corea del Norte, representa algo mucho más profundo: la posibilidad de elegir.
Yeon-su explicó que en su país natal las personas eran seleccionadas para acudir a eventos oficiales y quienes no recibían autorización debían permanecer en casa.
En Corea del Sur, en cambio, puede decidir qué música escuchar, a qué conciertos asistir y a quién apoyar.
El K-pop como símbolo de libertad
El avance clandestino del K-pop dentro de Corea del Norte muestra que incluso uno de los sistemas de censura más estrictos del mundo tiene dificultades para impedir por completo la circulación de ideas.
Para muchos jóvenes norcoreanos, estas canciones representan diversión, modernidad y una conexión con el exterior.
Para otros, son una forma de esperanza.
Mientras el régimen intenta mantener a la población aislada, la música continúa viajando en pequeños dispositivos, tarjetas de memoria y señales lejanas, mostrando una realidad en la que existen otros ídolos, otras voces y la posibilidad de elegir.
