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Canciones pegadizas, coreografías perfectamente sincronizadas, producciones espectaculares y artistas entrenados durante años. El K-pop dejó hace tiempo de ser únicamente un género musical para convertirse en una de las principales herramientas culturales de Corea del Sur.
Lo que comenzó a tomar forma durante los años 90 actualmente moviliza conciertos, plataformas digitales, mercancía, publicidad y colaboraciones internacionales.
Detrás del fenómeno existe una industria diseñada para exportar cultura y posicionar al país internacionalmente, con artistas como PSY, BTS, Blackpink y Stray Kids como algunos de sus principales representantes.
¿Cómo nació el K-pop?
Uno de los grandes puntos de inflexión llegó durante la década de 1990 con Seo Taiji and the Boys, considerado uno de los grupos fundacionales del K-pop moderno.
La agrupación incorporó sonidos occidentales y nuevas coreografías a la escena surcoreana, además de letras relacionadas con las experiencias y preocupaciones de los jóvenes.
Su popularidad transformó la manera en que una nueva generación consumía música.
Tras su separación en 1996 comenzó a consolidarse el modelo empresarial que terminaría definiendo al K-pop, con compañías como SM Entertainment, YG Entertainment y JYP Entertainment.
El sistema que fabrica a las próximas estrellas
Una de las características más particulares de esta industria es su sistema de aprendices o trainees.
Los aspirantes pueden pasar años preparándose antes de debutar profesionalmente, con entrenamiento en canto, baile, idiomas, presencia escénica y otras disciplinas.
SM Entertainment fue una de las empresas que ayudó a desarrollar este modelo.
De sus proyectos han surgido grupos como Super Junior, Girls’ Generation, SHINee, EXO, aespa y RIIZE.
YG desarrolló una identidad inicialmente vinculada con el hip-hop y posteriormente lanzó artistas como BIGBANG y Blackpink.
Por su parte, JYP convirtió la creación de una identidad reconocible para cada artista en parte fundamental de su estrategia, con Stray Kids entre sus agrupaciones de mayor alcance internacional.
PSY demostró el poder global del K-pop
En 2012 ocurrió uno de los momentos fundamentales para la expansión internacional de la música surcoreana.
PSY lanzó “Gangnam Style”, cuyo videoclip se convirtió en un fenómeno mundial y fue el primero en la historia de YouTube en superar los mil millones de reproducciones.
El éxito demostró que una canción interpretada principalmente en coreano podía alcanzar audiencias masivas fuera de Asia.
Pero el siguiente gran salto estaba por llegar.
BTS cambió las reglas del fenómeno fan
En 2013 debutó BTS, formado por RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jungkook.
El grupo pertenecía entonces a una compañía mucho más pequeña que los gigantes tradicionales: BigHit Entertainment, actualmente parte de HYBE.
Ante las dificultades para conseguir presencia en los grandes programas de televisión surcoreanos, la compañía apostó por conectar directamente con los seguidores mediante redes sociales y contenido digital.
La estrategia ayudó a construir una enorme comunidad internacional.
BTS posteriormente consiguió hitos como encabezar el Billboard 200 con Love Yourself: Tear en 2018 y colocar cuatro álbumes en el número uno de Estados Unidos en menos de dos años.
Su impacto también convirtió al grupo en uno de los mayores símbolos internacionales de Corea del Sur.
El K-pop se convirtió en una estrategia económica
La expansión no depende solamente del éxito individual de sus artistas.
Después de la crisis financiera asiática de 1997, Corea del Sur comenzó a observar las industrias culturales como una importante oportunidad de exportación.
La combinación de inversión, estrategias empresariales, plataformas digitales y políticas culturales permitió que la música surcoreana aumentara inicialmente su presencia en mercados vecinos como Japón y China antes de conquistar audiencias occidentales.
El fenómeno forma parte de la llamada “hallyu” u “ola coreana”, concepto que engloba la creciente popularidad internacional de la cultura contemporánea del país.
No solamente incluye K-pop: también abarca series, películas, belleza, gastronomía, moda y otros productos culturales.
Mucho más que vender canciones
El modelo económico del K-pop se extiende mucho más allá de discos o reproducciones digitales.
Las compañías generan ingresos mediante giras internacionales, mercancía oficial, publicidad, membresías, contenido exclusivo y acuerdos con grandes marcas.
Además, el éxito de sus artistas puede generar efectos indirectos sobre el turismo, la moda, el aprendizaje del idioma y el consumo de productos surcoreanos.
De esta manera, un grupo musical también puede funcionar como una poderosa herramienta de “soft power”, aumentando la influencia cultural y el reconocimiento internacional del país.
De fenómeno asiático a potencia musical mundial
Más de tres décadas después de la irrupción de Seo Taiji and the Boys, el K-pop se ha transformado en una industria global capaz de competir por las principales listas musicales y llenar estadios fuera de Corea del Sur.
PSY abrió una enorme puerta con Gangnam Style. BTS demostró que un grupo surcoreano podía dominar mercados occidentales, mientras Blackpink, Stray Kids y nuevas generaciones de artistas continúan ampliando el fenómeno.
La apuesta surcoreana va mucho más allá de producir la próxima canción viral: busca convertir su cultura en uno de sus productos de exportación más poderosos y consolidar al K-pop como una de las mayores industrias musicales del planeta.
