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Discutir con la pareja no significa necesariamente que una relación esté destinada a terminar. Las investigaciones sobre relaciones muestran que la diferencia puede encontrarse menos en los temas del conflicto y más en la manera en que las personas se comportan durante él.
Problemas relacionados con dinero, crianza de los hijos, vida sexual, tareas domésticas o distribución del poder pueden aparecer repetidamente durante años.
El psicólogo John Gottman y su equipo encontraron en un estudio longitudinal que, cuatro años después de una evaluación inicial, las parejas continuaban discutiendo sobre el mismo tipo de problemas en el 69% de los casos.
Estos conflictos recurrentes son conocidos como problemas perpetuos o estancados.
Discutir no necesariamente significa que una relación esté mal
Tanto las parejas satisfechas como aquellas que atraviesan dificultades pueden tener desacuerdos.
La diferencia importante está en cómo enfrentan esas conversaciones.
Una discusión constructiva puede centrarse en buscar soluciones mediante respeto, curiosidad y disposición para comprender al otro.
En cambio, determinados patrones de comunicación pueden aumentar el deterioro de la relación cuando aparecen constantemente.
Los cuatro comportamientos que pueden deteriorar una relación
Carrie Cole, psicóloga y directora de investigación del Instituto Gottman, identifica cuatro comportamientos especialmente perjudiciales: crítica, desprecio, actitud defensiva y evasión.
Estos patrones son conocidos dentro del enfoque desarrollado por Gottman como los “cuatro jinetes”.
1. Crítica
La crítica aparece cuando el conflicto deja de concentrarse en una conducta específica y se convierte en un ataque hacia la personalidad o el carácter de la pareja.
Existe una diferencia entre expresar una inconformidad concreta y transformar esa molestia en una descalificación general hacia la otra persona.
Cuando este patrón se vuelve habitual, puede dificultar que el conflicto avance hacia una solución.
2. Desprecio
El desprecio puede manifestarse mediante burlas, sarcasmo, insultos, gestos de superioridad o expresiones destinadas a hacer sentir inferior a la pareja.
Este comportamiento desplaza la conversación desde el problema que originó la discusión hacia una dinámica de hostilidad.
En lugar de intentar resolver el desacuerdo, la interacción puede convertirse en una confrontación donde una persona busca desacreditar a la otra.
3. Actitud defensiva
Ponerse a la defensiva suele aparecer como respuesta cuando una persona siente que está siendo atacada.
Puede manifestarse mediante justificaciones constantes, rechazo de responsabilidad o intentos por devolver inmediatamente la culpa.
Aunque puede parecer una forma natural de protegerse, este comportamiento dificulta reconocer la perspectiva de la otra persona y avanzar hacia una solución compartida.
4. Evasión
La evasión ocurre cuando uno de los integrantes de la pareja se retira de la interacción y deja de participar en el conflicto.
Puede dejar de responder, ignorar lo que dice la otra persona o evitar completamente la conversación.
Cuando este patrón se vuelve constante, puede impedir que los problemas sean abordados y aumentar la distancia emocional.
Los conflictos también pueden afectar el bienestar
Las relaciones conflictivas no solamente pueden generar malestar emocional.
Las discusiones destructivas se han relacionado en diferentes investigaciones con problemas de sueño y otros indicadores negativos de bienestar físico y psicológico.
Por el contrario, sentirse escuchado, comprendido y respaldado por la pareja se ha asociado con una mayor satisfacción en la relación.
La cooperación también puede desempeñar un papel importante.
Un estudio que siguió durante 20 años a parejas casadas encontró una asociación entre la toma compartida de decisiones, una distribución más equitativa de las tareas domésticas y mayores niveles de satisfacción conyugal.
¿Se pueden cambiar estos cuatro comportamientos?
La presencia de crítica, desprecio, actitud defensiva o evasión no significa automáticamente que una relación terminará.
Cole señala que estos comportamientos pueden trabajarse cuando ambas personas tienen disposición para hacerlo.
Una de las herramientas disponibles es la terapia de pareja.
Las investigaciones citadas sobre este tipo de intervención señalan efectos positivos en alrededor del 70% de las parejas que participan en ella, aunque los resultados dependen de múltiples factores y no representan una garantía individual.
La terapia puede trabajar aspectos como comunicación, escucha, resolución de conflictos e intimidad emocional.
Reconstruir la empatía puede ser fundamental
Jay Lebow, terapeuta de pareja y profesor clínico de psicología en la Universidad Northwestern, señala que uno de los principales desafíos en relaciones con conflictos prolongados es reconstruir la empatía.
Una habilidad aparentemente sencilla, pero difícil durante un conflicto intenso, es escuchar.
El objetivo no consiste únicamente en enumerar los problemas que una persona tiene con su pareja.
También implica observar la dinámica de la relación y preguntarse qué está ocurriendo entre ambos.
Dos señales que indican que todavía puede haber esperanza
Entre los comportamientos que observa durante sus sesiones, Cole identifica dos señales que considera especialmente positivas.
1. Poder reconocer la perspectiva de la pareja
Una frase tan sencilla como “puedo ver por qué te sientes así” puede representar un cambio importante.
Esto no significa estar de acuerdo con todo lo que piensa la otra persona.
Significa reconocer que su perspectiva puede tener sentido desde su experiencia y estar dispuesto a considerarla.
Cole describe esta capacidad como aceptar la influencia de la pareja.
2. Mantener la curiosidad por la otra persona
La segunda señal es continuar teniendo curiosidad por lo que piensa y siente la pareja.
Preguntar “cuéntame más” en lugar de intentar ganar inmediatamente una discusión puede abrir espacio para entender de dónde proviene una postura.
Para Cole, conservar esa curiosidad indica que todavía existe disposición para conocer y comprender al otro.
Comprender qué existe detrás de una discusión
Algunos conflictos aparentemente sencillos pueden esconder experiencias, necesidades u objetivos mucho más profundos.
Cole menciona el caso de una pareja que discutía constantemente por dinero.
Ambos habían crecido en condiciones de pobreza, pero esas experiencias habían producido necesidades diferentes.
Para una persona, ahorrar representaba seguridad e independencia. Para la otra, poder gastar en determinadas cosas representaba dejar atrás algunas de las limitaciones experimentadas durante su infancia.
El problema visible era el dinero.
Detrás estaban dos maneras distintas de entender la seguridad, el bienestar y aquello que querían construir con sus vidas.
Comprender estas motivaciones permitió que comenzaran a negociar cuánto dinero destinarían al ahorro y cuánto podrían gastar.
La disposición para cambiar también importa
Lebow destaca que la motivación de quienes participan en terapia puede influir considerablemente en el proceso.
Trabajar en una relación implica escuchar, reconocer la perspectiva de la otra persona y modificar patrones que pueden haberse repetido durante años.
Incluso cuando una pareja decide separarse, la terapia puede utilizarse para afrontar el proceso de una manera menos hostil y trabajar su impacto emocional.
Esto puede adquirir especial importancia cuando existen hijos involucrados.
Los conflictos forman parte de muchas relaciones. La diferencia puede estar en cómo se enfrentan, cuánto espacio existe para escuchar al otro y si ambas personas conservan disposición para cambiar.
La crítica, el desprecio, la actitud defensiva y la evasión pueden deteriorar una relación cuando se convierten en patrones constantes.
Pero poder decir “entiendo por qué te sientes así” y conservar la curiosidad por la experiencia de la pareja pueden ser señales de que todavía existe espacio para reconstruir la comunicación.

