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La llegada del Mundial 2026, que tendrá como sede inaugural el Estadio Azteca, despierta ilusión entre muchos, pero también incertidumbre y preocupación entre los vendedores callejeros de la capital mexicana, quienes temen perder su fuente de ingresos ante los desalojos previstos en las zonas aledañas al recinto deportivo.
Para Alejandra Zarazúa, vendedora de gelatinas de 55 años, el anuncio del desalojo significa una amenaza directa a su supervivencia económica.
“Me preocupa saber de dónde voy a generar mi ingreso para sobrevivir”, comenta, junto a su padre, un limpiabotas que lleva más de dos décadas trabajando cerca del estadio.
Desde mediados de año, una veintena de comerciantes sin permisos oficiales esperan la orden definitiva para dejar sus puestos, algunos establecidos hace más de 40 años. Las autoridades han propuesto su reubicación en avenidas cercanas, pero la saturación de la venta ambulante complica la situación.
Entre la esperanza y el desalojo
Mientras unos temen perderlo todo, otros ven el Mundial como una oportunidad.
En la colonia Roma-Condesa, Satoru Hasuike, un chef japonés que vende ramen en la calle, se ha vuelto viral en TikTok y sueña con instalar un local dentro del Azteca durante la Copa del Mundo.
“Tengo que contratar con la FIFA. Quiero un local dentro del estadio, no un puesto callejero”, comenta, consciente de los altos costos que implicaría.
El Mundial, un botín económico y político
El torneo se espera que atraiga 5 millones de visitantes y una derrama económica de más de 3,000 millones de dólares, según la Secretaría de Turismo. Sin embargo, la economía informal que rodea al estadio podría verse desplazada por las concesiones oficiales y las políticas de exclusividad comercial impuestas por la FIFA.
En las inmediaciones del Azteca, muchos comerciantes denuncian abusos y presiones.
“Esto es una mafia, aquí hay mucho dinero de por medio. Hay que mocharse con los líderes y las autoridades. A la FIFA no le gustamos, por eso nos quitan”, confiesa un vendedor, que pidió anonimato por temor a represalias.
Una tradición bajo amenaza
La venta callejera es parte esencial de la vida capitalina, y emplea a 1.5 millones de personas, según cifras oficiales. Sin embargo, durante la Copa del Mundo, el perímetro del estadio será completamente despejado.
Oscar Hernández, dueño de la tortería “El Estadio”, ubicada junto al Azteca, planea estrategias para sobrevivir:
“Si me cierran el local, pongo un puesto a dos calles, y si tampoco me dejan, salgo con mis tortas en una bolsa para venderlas”, dice decidido.
La ilusión mundialista convive con la angustia de miles que podrían perder su sustento. En medio de la modernización y los preparativos rumbo al 2026, el sabor auténtico de las calles mexicanas corre el riesgo de ser silenciado.
