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Estudiar una carrera, conseguir un buen empleo, trabajar duro, ascender y finalmente comprar una casa fue durante décadas una fórmula asociada con la estabilidad económica. Para muchos integrantes de la Generación Z, esa expectativa resulta cada vez menos segura, de acuerdo con Suzy Welch, profesora de la Universidad de Nueva York.
Welch sostiene que los jóvenes están entrando al mercado laboral en condiciones muy diferentes a las que enfrentaron generaciones anteriores y considera que su escepticismo hacia el trabajo no debería interpretarse automáticamente como pereza o falta de compromiso.
En su opinión, factores como el costo de la vivienda, los cambios en las estructuras empresariales, la incertidumbre laboral y las preocupaciones ambientales han modificado las expectativas de una generación que cuestiona si el esfuerzo profesional seguirá ofreciendo las mismas recompensas económicas.
“No hay ningún motivo” para esperar seguridad económica
Welch contrasta las expectativas que tenía durante su juventud con las que observa actualmente entre sus estudiantes.
La profesora recuerda que su generación podía asumir con mayor confianza que terminaría ganando más dinero que sus padres y que trabajar durante años permitiría eventualmente comprar una vivienda.
Para la Generación Z, afirma, esas promesas ya no están garantizadas.
Esto ha provocado que algunos jóvenes adopten una visión más cautelosa sobre su futuro profesional y cuestionen conceptos tradicionales como progreso, éxito y estabilidad.
Welch interpreta esa actitud como una respuesta a las condiciones económicas que enfrentan y no simplemente como desinterés por trabajar.
Estudiar y trabajar duro ya no garantiza ascender
Otro cambio señalado por la profesora se encuentra dentro de las propias empresas.
El modelo tradicional planteaba una trayectoria relativamente clara: entrar en un puesto inicial, adquirir experiencia, asumir mayores responsabilidades y ascender progresivamente.
Sin embargo, las estructuras corporativas se han transformado.
La reducción de puestos de mandos intermedios en algunas compañías puede disminuir el número de escalones disponibles para avanzar profesionalmente, mientras empleados de niveles inferiores asumen mayores responsabilidades.
A esta transformación se suma el avance de la inteligencia artificial, que está modificando tareas y perfiles profesionales en diferentes industrias.
El efecto de estas tendencias varía según el sector, la ocupación y el país, por lo que no significa que las oportunidades de ascenso hayan desaparecido para toda una generación.
Comprar una vivienda es cada vez más complicado
La vivienda representa otro de los principales obstáculos señalados en el análisis.
En diferentes mercados, los jóvenes se enfrentan a una combinación de precios elevados, alquileres costosos y salarios que no necesariamente han aumentado al mismo ritmo.
Incluso para trabajadores con formación universitaria y empleos cualificados, comprar una casa puede requerir un esfuerzo financiero considerablemente mayor.
Esta situación afecta una de las principales vías mediante las cuales generaciones anteriores construyeron patrimonio.
La dificultad para acceder a una vivienda también puede retrasar otras decisiones, como independizarse, formar una familia o establecerse permanentemente en una ciudad.
La incertidumbre climática también pesa sobre los jóvenes
Las preocupaciones de la Generación Z no se limitan al dinero.
Welch señala que entre sus estudiantes existe una inquietud recurrente sobre las consecuencias futuras del cambio climático.
Para algunos jóvenes, pensar en su carrera profesional, vivienda o familia ocurre simultáneamente con preguntas sobre cómo serán las condiciones ambientales durante las próximas décadas.
Esta preocupación puede influir en la manera en que evalúan a las empresas, el propósito de su trabajo y las decisiones que toman sobre su futuro.
¿La Generación Z es menos comprometida con el trabajo?
Welch cuestiona precisamente esa interpretación.
En lugar de asumir que los jóvenes son menos trabajadores o están menos interesados en construir una carrera, propone analizar las condiciones económicas y laborales bajo las cuales están tomando sus decisiones.
Desde esta perspectiva, una persona que percibe pocas posibilidades de comprar una vivienda, ascender profesionalmente o alcanzar estabilidad puede tener incentivos diferentes a los de alguien que considera esas metas relativamente alcanzables.
Eso no significa que todos los integrantes de la Generación Z compartan las mismas prioridades o dificultades. Se trata de una generación amplia, con importantes diferencias económicas, educativas y geográficas.
Las empresas también tendrán que adaptarse
La discusión adquiere importancia para las compañías porque la Generación Z continuará aumentando su presencia en el mercado laboral durante los próximos años.
Para Welch, los empleadores deberían intentar comprender qué hay detrás del desencanto de algunos trabajadores jóvenes en lugar de recurrir directamente a estereotipos sobre falta de compromiso.
Ofrecer trayectorias profesionales creíbles, oportunidades de desarrollo y una relación clara entre esfuerzo y progreso puede convertirse en un factor relevante para atraer y conservar talento.
El planteamiento de la profesora no implica que la seguridad económica sea imposible para toda la Generación Z, sino que las condiciones que durante décadas fueron consideradas parte de una trayectoria profesional predecible ya no pueden darse por garantizadas de la misma manera.

