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Quién fue James Harrison
James Harrison fue un donante de plasma australiano que ayudó a salvar la vida de aproximadamente 2.4 millones de bebés gracias a un raro anticuerpo presente en su sangre.
Conocido como “el hombre del brazo de oro”, Harrison falleció el 17 de febrero de 2026 a los 88 años en un asilo de ancianos en Nueva Gales del Sur.
Una cirugía cambió su vida
Cuando tenía 14 años, Harrison fue sometido a una cirugía mayor de tórax y necesitó 13 transfusiones de sangre para sobrevivir.
Después de aquella experiencia decidió convertirse en donante para ayudar a otras personas. Comenzó a donar sangre a los 18 años y posteriormente descubrieron que su plasma contenía un anticuerpo poco común utilizado para fabricar tratamientos anti-D.
El anticuerpo que salvó millones de vidas
El plasma de Harrison ayudó a desarrollar inyecciones que protegen a bebés de la enfermedad hemolítica del recién nacido, una complicación causada por incompatibilidad Rh entre madre e hijo.
Antes de este tratamiento, uno de cada dos bebés diagnosticados con esta condición moría.
Por razones que nunca fueron completamente determinadas, el cuerpo de Harrison producía grandes cantidades del anticuerpo anti-D, y cada donación contribuía a salvar miles de vidas.
Más de mil donaciones
A lo largo de su vida, Harrison realizó 1,172 donaciones de plasma.
La mayoría fueron realizadas desde su brazo derecho, motivo por el cual recibió el apodo de “brazo de oro”.
Para evitar anemia, durante el procedimiento el plasma era separado y sus glóbulos rojos eran devueltos a su cuerpo.
Un legado reconocido en Australia
En 1999 recibió la Orden de Australia por su contribución médica y humanitaria.
Además, en 2005 obtuvo el récord Guinness por la mayor cantidad de plasma donado en el mundo, marca que mantuvo hasta 2022.
Su familia señaló que Harrison se sentía orgulloso de haber ayudado a millones de familias “sin costo ni dolor”.
Su última donación
Harrison realizó su última donación en 2018, a los 81 años, debido a recomendaciones médicas.
Durante años afirmó que seguiría donando mientras su salud se lo permitiera.
Incluso algunos de sus propios nietos recibieron tratamientos anti-D elaborados gracias al plasma que él ayudó a donar durante décadas.
