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Durante el siglo XIX, mientras los nombres de Pablo Escobar y El Chapo aún no existían, una joven monarca británica operaba lo que podría considerarse el mayor imperio de drogas de la historia. La reina Victoria no solo consumía sustancias psicoactivas, también encabezó una estructura global de tráfico de opio con respaldo estatal.
Victoria asumió el trono a los 18 años y desde entonces utilizó de forma regular:
- Laudanum (opio líquido con alcohol): para dolores generales.
- Cocaína: en chicles y vino (como el popular Vin Mariani).
- Cannabis líquido: para aliviar síntomas menstruales.
- Cloroformo: como anestesia durante el parto, el cual describió como “delitador”.
Estos tratamientos, prescritos por médicos de la época, eran comunes entre la élite, pero Victoria los adoptó con especial entusiasmo, según documentos históricos y artículos como el de Sam Kelly en la revista TIME.
El opio como política de Estado
El problema surgió cuando Gran Bretaña no podía sostener su apetito por el té chino. Al no tener algo de valor similar para intercambiar, encontraron una solución rentable: vender opio a China.
- El opio provenía de la India, controlada por la Compañía de las Indias Orientales.
- Era adictivo y fácil de vender.
- Las ganancias por ventas de opio representaban hasta el 20 % de los ingresos del Imperio británico.
El emperador chino, alarmado por los efectos sociales del opio, intentó frenar el comercio. Incluso envió una carta a la reina Victoria, apelando a su moralidad. Ella no respondió.
Cuando el virrey Lin Zexu confiscó y destruyó cargamentos británicos de opio, Victoria declaró la guerra a China en 1839.
- El conflicto terminó con la entrega de Hong Kong a Gran Bretaña.
- China se vio obligada a abrir más puertos al comercio de opio.
- Los británicos obtuvieron inmunidad legal en territorio chino.
Este evento marcó el inicio del conocido “siglo de humillación” para China.
La capo más exitosa de la historia
Mientras en la actualidad se criminaliza a narcotraficantes, Victoria logró legalizar, institucionalizar y enriquecer a su nación con el tráfico de drogas, sin temor a consecuencias legales ni sociales.
Su legado, aunque muchas veces romantizado, revela una historia imperial cimentada en la explotación, la adicción y el poder desmedido.
