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La humanidad ha enviado sondas a otros planetas, fotografiado la superficie de Plutón y construido mapas detallados de Marte. Sin embargo, todavía existen enormes extensiones del fondo de nuestros propios océanos que no conocemos con el mismo nivel de detalle.
La comparación resulta sorprendente, pero necesita algunos matices. No es exacto afirmar que más del 80 % del océano jamás haya sido cartografiado: existen mapas globales obtenidos mediante mediciones satelitales, aunque buena parte del lecho marino todavía no ha sido estudiada directamente ni cartografiada con sistemas modernos de alta resolución.
Y cuanto más descendemos, más extrañas se vuelven las condiciones.
¿Cuánto del océano permanece sin explorar?
Los océanos cubren aproximadamente 71 % de la superficie terrestre, lo que convierte su exploración en un desafío monumental.
Una cosa es conocer de manera aproximada la topografía del fondo marino y otra muy diferente observarlo directamente mediante vehículos submarinos, cámaras o expediciones tripuladas.
Las enormes profundidades, la presión extrema, las bajas temperaturas y la ausencia de luz dificultan considerablemente estas investigaciones.
Por eso, los misterios del océano continúan siendo objeto de expediciones científicas en distintas partes del mundo.
¿A qué profundidad desaparece la luz del Sol?
La cantidad de luz disminuye rápidamente conforme descendemos.
La llamada zona fótica ocupa aproximadamente los primeros 200 metros, aunque cierta cantidad de luz puede penetrar a mayores profundidades dependiendo de las condiciones del agua.
A partir de aproximadamente 1,000 metros comienza la zona afótica, donde prácticamente no existe luz solar.
Sin embargo, eso no significa que todo permanezca completamente oscuro.
Criaturas capaces de producir su propia luz
En el océano profundo habitan organismos que utilizan la bioluminiscencia, una reacción química mediante la cual producen luz.
Peces, medusas, calamares y otros animales pueden utilizarla para diferentes funciones, como atraer presas, comunicarse, encontrar pareja o confundir a sus depredadores.
La bioluminiscencia representa una de las adaptaciones más llamativas de los organismos que habitan lugares donde la luz solar ya no puede llegar.
¿Realmente existen lagos debajo del océano?
Aunque parezca una contradicción, sí existen acumulaciones similares a lagos en el fondo marino.
Son conocidas como piscinas o lagos de salmuera (brine pools).
Se forman cuando agua con una concentración extremadamente elevada de sal se acumula en depresiones del fondo. Debido a que esta salmuera es considerablemente más densa que el agua marina circundante, ambas masas pueden permanecer claramente separadas.
El resultado puede parecer un lago dentro del propio océano, con una superficie y límites visibles.
Las condiciones químicas de algunas de estas piscinas pueden ser letales para determinados animales que entran en ellas, aunque otros organismos están específicamente adaptados a vivir alrededor de estos ambientes extremos.
La enorme cascada escondida bajo el estrecho de Dinamarca
Otro fenómeno sorprendente se encuentra bajo las aguas entre Groenlandia e Islandia.
La llamada catarata del estrecho de Dinamarca es considerada la mayor cascada submarina conocida del planeta.
El fenómeno ocurre cuando agua fría y densa procedente de los mares nórdicos desciende por debajo de aguas relativamente más cálidas.
La caída alcanza aproximadamente 3.5 kilómetros, una distancia varias veces superior a la altura de las grandes cascadas terrestres.
No se parece, sin embargo, a una cascada convencional que pudiera observarse desde un submarino como una gigantesca pared vertical de agua. Se trata de un flujo submarino generado por diferencias de temperatura y densidad.
Millones de naufragios podrían permanecer bajo el mar
Los océanos también funcionan como un enorme archivo de la historia humana.
Una estimación ampliamente difundida por organismos especializados señala que podría haber alrededor de tres millones de naufragios distribuidos por los mares del mundo.
Barcos comerciales, embarcaciones militares y navíos de diferentes periodos históricos permanecen bajo el agua.
Algunos contienen objetos arqueológicos y cargamentos valiosos, pero su importancia no se limita a posibles tesoros: los naufragios pueden proporcionar información sobre comercio, guerras, migraciones y tecnología de civilizaciones pasadas.
También existen ciudades sumergidas
El aumento y descenso del nivel del mar a lo largo de miles de años, junto con terremotos, tsunamis, erosión y otros fenómenos naturales, ha provocado que antiguos asentamientos humanos terminen bajo el agua.
La arqueología subacuática ha localizado estructuras, puertos y ciudades parcialmente sumergidas en diferentes regiones.
No significa que el océano esté repleto de misteriosas civilizaciones desconocidas, pero sí que una parte de la historia humana permanece literalmente debajo del mar.
¿Conocemos mejor el espacio que nuestros océanos?
La afirmación de que conocemos mejor la Luna o Marte que el fondo del océano suele utilizarse para ilustrar cuánto queda por investigar, aunque la comparación no es completamente equivalente.
Los científicos cuentan con mapas globales del fondo marino, pero su resolución varía considerablemente y la observación directa de las profundidades sigue siendo limitada.
Los cuerpos del sistema solar, por su parte, pueden cartografiarse desde el espacio utilizando cámaras y otros instrumentos sin necesidad de atravesar kilómetros de agua sometida a presiones extremas.
La paradoja permanece: podemos observar mundos situados a millones de kilómetros mientras algunos de los lugares más difíciles de alcanzar están en nuestro propio planeta.
Y precisamente por eso, las profundidades marinas siguen siendo una de las grandes fronteras de la exploración científica.
