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Yayoi Kusama, una de las artistas japonesas más reconocidas e influyentes del arte contemporáneo, murió a los 97 años en un hospital de Tokio.
La noticia fue confirmada mediante un comunicado publicado en el sitio oficial de la artista, en el que se informó que su fallecimiento ocurrió el 14 de agosto.
“Con profundo pesar anunciamos el fallecimiento de Yayoi Kusama en un hospital de Tokio”, señala el comunicado.
Kusama alcanzó reconocimiento mundial gracias a sus característicos lunares, esculturas de calabazas y las famosas “Salas de Espejos Infinitos”, instalaciones que llevaron a millones de personas a museos y galerías alrededor del mundo.
Los lunares que marcaron la obra de Yayoi Kusama
Los patrones repetitivos que terminarían convirtiéndose en una de las principales características de su obra tuvieron su origen durante su infancia.
Kusama experimentaba alucinaciones visuales en las que percibía patrones y puntos cubriendo su entorno, imágenes que posteriormente incorporaría a sus pinturas y esculturas.
Nacida en Japón en 1929, pasó parte de su infancia durante la Segunda Guerra Mundial trabajando en una fábrica militar donde cosía paracaídas para el ejército japonés.
Estudió brevemente el estilo tradicional de pintura nihonga en Kioto, aunque rápidamente comenzó a experimentar con la abstracción y los patrones repetitivos.
De esa exploración surgieron trabajos como sus reconocidas pinturas de la serie “Redes Infinitas”.
De Japón a la escena artística de Nueva York
A finales de la década de 1950, cuando tenía 27 años, Kusama decidió trasladarse a Estados Unidos después de mantener correspondencia con la artista Georgia O’Keeffe.
Primero llegó a Seattle y posteriormente se instaló en Nueva York, donde coincidió con el crecimiento del pop art.
En aquella época desarrolló pinturas, esculturas, películas, literatura, performances e instalaciones que combinaban elementos como puntos, flores y formas repetitivas.
También participó activamente en la contracultura estadounidense de los años 60.
Organizó diferentes happenings en los que utilizaba cuerpos humanos como lienzos y abordó temas como la igualdad de género, los derechos de las personas homosexuales y el movimiento contra la guerra.
Entre sus episodios más recordados se encuentra una carta abierta enviada en 1968 al entonces presidente estadounidense Richard Nixon, en la que utilizó una provocadora propuesta para pedirle que terminara con la guerra de Vietnam.
Kusama regresó a Japón y se alejó de la vida pública
A principios de la década de 1970, Kusama regresó a Japón y posteriormente ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico, donde continuó viviendo durante décadas.
Sin embargo, nunca dejó de producir arte.
La artista trabajaba desde las instalaciones y desde un pequeño estudio cercano, manteniendo una producción constante incluso durante los años en los que su obra perdió visibilidad internacional.
La situación comenzó a cambiar a finales de la década de 1980, cuando el mundo del arte volvió a prestar atención a sus trabajos.
En 1989 se realizó una importante retrospectiva de su carrera en Nueva York y, cuatro años después, fue seleccionada para representar oficialmente a Japón en la Bienal de Venecia de 1993.
Sus obras alcanzaron precios millonarios
El reconocimiento internacional también disparó el valor comercial de las creaciones de Kusama.
En mayo de 2022, su pintura “Sin título (Redes)” alcanzó casi 10.5 millones de dólares en una subasta, estableciendo entonces un récord para su obra.
Tan solo durante 2023, sus trabajos acumularon aproximadamente 190.5 millones de dólares en ventas en subastas realizadas en ciudades como Hong Kong y Nueva York.
Sus famosas esculturas de calabazas también terminaron instaladas en museos, espacios públicos y distritos culturales de diferentes países.
En 2017 abrió en Tokio un museo dedicado a su obra.
Las “Salas de Espejos Infinitos” conquistaron las redes sociales
Kusama también consiguió algo que pocos artistas de su generación alcanzaron: mantener e incluso incrementar su relevancia cultural durante las últimas décadas de su vida.
Sus “Salas de Espejos Infinitos”, espacios repletos de luces, colores y reflejos aparentemente interminables, se convirtieron en algunas de las instalaciones artísticas más reconocibles del mundo.
Las fotografías tomadas por visitantes inundaron las redes sociales y acercaron su obra a nuevas generaciones.
A ello se sumaron colaboraciones con marcas como Louis Vuitton y el documental de 2018 “Kusama: Infinity”, que ayudaron a convertirla en una figura reconocible incluso fuera del circuito tradicional del arte.
Tras conocerse su fallecimiento, artistas, galeristas y especialistas comenzaron a rendirle homenaje.
Kusama pasó de ser una figura marginal de la escena artística neoyorquina a convertirse, décadas después, en una de las artistas contemporáneas más famosas y exitosas del mundo, dejando como legado un universo de puntos, espejos y colores que transformó la manera de experimentar el arte.
