Últimamente abro Instagram y siento que estoy viendo el mismo flyer una y otra vez.
Cambia el negocio, cambia el producto y cambia el nombre de la cuenta, pero hay algo que permanece: tipografías similares, colores parecidos, composiciones casi idénticas y esa estética que inmediatamente me hace pensar: “esto está hecho con inteligencia artificial”.
Negocios, emprendimientos y marcas han encontrado en la IA una manera rápida de crear contenido para promocionar sus productos y servicios. Y tiene sentido. Hoy puedes tener una idea, escribir unas cuantas instrucciones y conseguir en minutos una imagen que antes habría requerido mucho más tiempo.
El problema, al menos para mí, comienza cuando le entregamos también la creatividad.
¿Deberíamos dejar de hacer flyers con IA?
Para mí, sí.
Pero no porque crea que deberíamos dejar de utilizar inteligencia artificial.
La IA es una herramienta, y una muy buena. Puede ayudarnos a desarrollar una idea, encontrar referencias, visualizar conceptos o complementar nuestro proceso creativo. Lo que no debería hacer es reemplazar completamente ese proceso.
Porque cuando dejamos todo el trabajo en sus manos, comenzamos a encontrarnos con diseños que técnicamente pueden estar bien hechos, pero que se sienten vacíos.
Cuando todas las marcas comienzan a parecerse
Una marca debería tener algo que permita reconocerla.
Sus colores, su tipografía, la manera en la que toma fotografías, las palabras que utiliza, sus referencias y hasta aquello que decide no hacer forman parte de su identidad.
Por eso me resulta extraño entrar a Instagram y encontrar negocios completamente diferentes comunicándose prácticamente de la misma manera.
Una cafetería, una tienda de ropa, un restaurante o un emprendimiento de belleza pueden terminar utilizando imágenes con una estética muy similar aunque sus productos, públicos e historias no tengan absolutamente nada que ver.
Y entonces aparece una contradicción: tenemos una herramienta capaz de crear prácticamente cualquier cosa, pero terminamos creando todos algo parecido.
Lo que no aparece en un prompt
Hay algo del proceso creativo que para mí sigue siendo importante: quebrarte la cabeza.
Pensar una idea. Descartarla. Intentarlo nuevamente. Encontrar una referencia. Cambiar una tipografía veinte veces porque ninguna termina de convencerte. Elegir un color y después descubrir que tampoco funciona.
Puede parecer una pérdida de tiempo, pero justamente durante ese proceso aparecen las decisiones que terminan dándole personalidad a un diseño.
Hay alguien detrás preguntándose por qué una imagen tiene que verse de determinada manera y qué quiere comunicar con ella.
Eso es lo que muchas veces siento que falta cuando veo contenido generado completamente con IA.
No necesariamente está mal hecho. Simplemente no encuentro a la persona detrás.
Usar IA sin dejar de crear
No creo que la respuesta sea rechazar la inteligencia artificial.
Sería extraño hacerlo precisamente cuando tenemos frente a nosotros una herramienta con tantas posibilidades creativas.
La diferencia está en decidir quién dirige a quién.
Puedes comenzar tú con una idea, trabajarla, definir qué quieres comunicar y después utilizar la IA para complementarla. Puedes pedirle que te ayude a visualizar algo que tienes en mente, probar posibilidades o acelerar determinadas partes del proceso.
Pero la idea debería seguir teniendo una intención.
Porque utilizar inteligencia artificial no debería significar renunciar a pensar.
Quizá el problema nunca fueron los flyers hechos con IA. El problema aparece cuando comenzamos a confundir generar con crear.
Una máquina puede ayudarnos a producir una imagen en segundos.
Pero decidir por qué esa imagen debería existir todavía debería ser nuestro trabajo.

