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El 2 de julio de 1982, Larry Walters convirtió un sueño de infancia en una de las historias más insólitas de la aviación. Sin licencia de piloto y utilizando únicamente una silla de jardín, 42 globos meteorológicos llenos de helio y mucha determinación, logró elevarse casi 4,900 metros sobre el área de Los Ángeles.
Lo que comenzó como un experimento terminó con reportes de pilotos comerciales, una violación al espacio aéreo controlado, un apagón eléctrico y una multa de la Administración Federal de Aviación (FAA).
Un sueño que comenzó desde niño
Larry Walters nació el 19 de abril de 1949 en Los Ángeles. Según contó años después, la idea de volar surgió cuando era apenas un niño durante una visita a Disneylandia.
Al observar una gran cantidad de globos, pensó que, si reunía suficientes, podrían levantar a una persona.
Su intención era convertirse en piloto militar, pero su mala visión le impidió ingresar a la aviación. Durante su servicio en el Ejército, en plena Guerra de Vietnam, trabajó como cocinero, aunque nunca abandonó la idea de volar.
La preparación del histórico vuelo
Durante casi una década reunió todo lo necesario para hacer realidad su proyecto.
Su invento, al que bautizó Inspiration I, estaba formado por:
- Una silla de jardín de aluminio.
- 42 globos meteorológicos llenos de helio.
- Bidones de agua como contrapeso.
- Una radio de comunicación.
- Un altímetro.
- Una cámara fotográfica.
- Un paracaídas.
- Una pistola de aire comprimido para reventar los globos durante el descenso.
El costo total del proyecto fue cercano a los 4,000 dólares.
Un despegue que salió completamente fuera de control
El plan consistía en elevarse apenas unos 30 metros y dejar que el viento lo llevara hacia el desierto de Mojave.
Sin embargo, las cuerdas que sujetaban la silla a su camioneta se rompieron antes de tiempo.
En cuestión de minutos, Walters alcanzó aproximadamente 4,880 metros de altura, muy por encima de lo que había calculado.
El frío, la falta de oxígeno y la enorme altitud confirmaron que había perdido completamente el control del vuelo.
Sorprendió a pilotos comerciales
Mientras sobrevolaba el área de Los Ángeles, varios pilotos de aerolíneas comerciales reportaron la presencia de un hombre suspendido en una silla sostenida por globos.
Uno de los mensajes enviados al control aéreo fue:
«Tenemos un hombre en una silla con globos a unas cinco millas de distancia».
Walters incluso reconoció por radio que estaba realizando un vuelo no autorizado dentro del espacio aéreo federal.
El descenso también salió mal
Cuando decidió bajar, comenzó a disparar contra algunos globos para perder altura.
Sin embargo, una ráfaga de viento hizo que la pistola cayera al vacío.
Sin posibilidad de controlar el descenso, únicamente pudo liberar el agua de los bidones para modificar el peso mientras esperaba que el helio escapara lentamente.
Finalmente, terminó enredado en cables de alta tensión en Long Beach, provocando un apagón que dejó sin electricidad a un barrio durante aproximadamente 20 minutos.
A pesar del accidente, descendió completamente ileso.
La multa de la FAA
Tras aterrizar fue recibido por la policía y posteriormente por funcionarios de la Administración Federal de Aviación.
Inicialmente fue sancionado con una multa de 4,000 dólares, aunque posteriormente logró reducirla a 1,500 dólares tras apelar algunos de los cargos.
Uno de ellos fue eliminado porque, técnicamente, una silla de jardín no requería certificado de aeronavegabilidad.
De héroe mediático a una vida complicada
La historia convirtió a Larry Walters en una celebridad.
Fue invitado a programas de televisión como The Tonight Show y el show de David Letterman, además de participar en campañas publicitarias.
En diversas entrevistas aseguró que aquel vuelo representó «el cumplimiento de un sueño de veinte años» y afirmó que, de no haberlo intentado, sentía que habría pasado el resto de su vida arrepentido.
Sin embargo, la fama fue pasajera. Intentó vivir como conferencista motivacional, pero nunca logró estabilidad económica.
Un legado que permanece
Larry Walters falleció el 6 de octubre de 1993 a los 44 años.
Décadas después, la silla con la que realizó el histórico vuelo fue recuperada y, en 2019, donada al Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, donde permanece como una de las piezas más curiosas de la historia de la aviación.
Su aventura sigue siendo recordada como uno de los vuelos más insólitos jamás realizados por un civil y un ejemplo de hasta dónde puede llegar alguien decidido a cumplir un sueño, aunque desafíe toda lógica.
