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Hubo una época en la que escuchar una canción no era suficiente. También queríamos ver su video musical.
Esperábamos los estrenos, repetíamos las coreografías, intentábamos imitar los atuendos de nuestros artistas favoritos y hasta adoptábamos parte de la estética que aparecía en sus videos.
Un videoclip podía convertirse en algo mucho más grande que una canción.
Podía marcar tendencias, inspirar formas de vestir y crear imágenes que terminarían formando parte de la cultura popular.
Pero últimamente tengo la sensación de que algo cambió.
Seguimos escuchando música todos los días, descubrimos artistas constantemente y tenemos acceso a millones de canciones. Sin embargo, parece que cada vez prestamos menos atención a sus videos musicales.
Y entonces me pregunto: ¿en qué momento dejamos de emocionarnos por ellos?
Cuando un video musical era todo un acontecimiento
Durante años, los videos musicales fueron una parte fundamental de la industria.
No solamente acompañaban las canciones. También ayudaban a construir la identidad de los artistas.
La ropa, los escenarios, las coreografías y las historias que aparecían en ellos podían convertirse en referencias que el público reconocía inmediatamente.
Había videos que queríamos ver una y otra vez, no solamente porque nos gustaba la canción, sino porque disfrutábamos todo lo que sucedía en la pantalla.
Y cuando llegó la popularidad de YouTube, esa experiencia encontró un nuevo espacio.
Recuerdo que durante buena parte de la década de 2010, si querías escuchar una canción que acababas de descubrir, una de las opciones más comunes era buscarla en YouTube.
Y muchas veces terminabas reproduciendo su video oficial.
Sin darte cuenta, escuchar música también significaba consumir todo el universo visual que el artista había creado alrededor de ella.
Del videoclip al streaming: ¿cómo cambió nuestra forma de escuchar música?
Creo que una parte importante de este cambio está relacionada con las plataformas de streaming.
Hoy podemos abrir Spotify o cualquier otro servicio de música, buscar una canción y escucharla inmediatamente.
No necesitamos ver un video ni permanecer frente a una pantalla.
Podemos escuchar música mientras manejamos, trabajamos, hacemos ejercicio o realizamos cualquier otra actividad.
Y aunque eso tiene muchísimas ventajas, también cambió nuestra relación con los videoclips.
Antes, YouTube podía ser uno de los principales lugares para descubrir y escuchar música. Ahora es solamente una de las muchas opciones disponibles.
Por eso me llama la atención que algunos artistas actuales, a pesar de tener millones de seguidores y oyentes, no necesariamente consiguen en sus videos las reproducciones que asociamos con los grandes éxitos de años anteriores.
Eso no significa que hayan dejado de ser populares.
Quizá simplemente estamos escuchando sus canciones en otros lugares.
¿Los videos musicales dejaron de tener impacto?
También creo que cambió la manera en que los artistas construyen su imagen.
Antes, un video musical podía ser el lugar donde conocíamos una nueva estética, una coreografía o una etapa completamente diferente de nuestro cantante favorito.
Ahora esa identidad también se construye a través de publicaciones, fotografías, presentaciones en vivo y videos cortos en redes sociales.
Una canción puede hacerse viral gracias a un fragmento de pocos segundos.
Una coreografía puede convertirse en tendencia sin que muchas de las personas que la reproducen hayan visto el videoclip completo.
Y quizá ahí está una de las diferencias más importantes.
Antes esperábamos el video para descubrir el universo de una canción. Ahora podemos conocer ese universo a través de muchos contenidos diferentes.
Pero eso no significa que los videos musicales hayan perdido su valor creativo.
Cuando algo parece demasiado bueno para ser real
Hace poco me encontré con una polémica que me hizo pensar precisamente en esto.
Un artista había estrenado un video musical y algunas personas comenzaron a cuestionar si parte de lo que aparecía en él había sido generado con inteligencia artificial.
La coreografía y la producción parecían tan elaboradas que surgieron dudas sobre si realmente se habían realizado de esa manera.
Tiempo después, el artista interpretó esa misma coreografía durante una presentación en una ceremonia de premios.
Y lo que más me llamó la atención fue pensar en todo el trabajo que puede existir detrás de unos cuantos minutos de video.
Bailarines, coreógrafos, directores, vestuaristas, equipos de producción y muchas horas de preparación forman parte de un proceso que el público solamente ve en su resultado final.
Me parece curioso que hayamos llegado a un momento en el que una producción visual puede provocar dudas sobre si fue realizada por personas o generada mediante inteligencia artificial.
Porque detrás de muchos videos musicales sigue existiendo una cantidad enorme de trabajo creativo.
Y quizá no siempre le prestamos la atención que merece.
¿Dejamos de valorar los videoclips?
No creo que los videos musicales estén muertos.
Siguen existiendo producciones increíbles, artistas que apuestan por propuestas visuales ambiciosas y comunidades de seguidores que esperan cada estreno.
También hay géneros y mercados, como parte de la música latina, donde los videoclips continúan ocupando un lugar importante.
Pero sí creo que dejamos de necesitarlos de la misma manera.
Hoy podemos enamorarnos de una canción sin conocer su video oficial.
Podemos aprendernos una coreografía por TikTok, reconocer la estética de un artista por Instagram y escuchar su música durante meses sin haber visto una sola producción audiovisual completa.
Y aunque eso no tiene nada de malo, me pregunto si estamos dejando pasar una parte importante de la experiencia musical.
Porque un video puede hacer mucho más que acompañar una canción.
Puede contar una historia, construir una identidad y transformar unos minutos de música en algo que recordemos durante años.
La música sigue teniendo imágenes
Quizá el problema no es que hayamos dejado de disfrutar los videos musicales.
Tal vez simplemente cambiamos la manera de relacionarnos con ellos.
Antes podían ser el centro de una nueva era musical. Ahora compiten por nuestra atención con miles de contenidos que aparecen constantemente en nuestras pantallas.
Y aunque seguimos viendo fragmentos, coreografías y escenas que se vuelven virales, no siempre regresamos a descubrir la obra completa.
Me gusta pensar que todavía existe espacio para esos videos que nos hacen querer repetir una canción solamente para volver a ver lo que sucede en la pantalla.
Esos que tienen una estética reconocible, una coreografía que queremos aprender o una historia que consigue quedarse en nuestra memoria.
Porque quizá ya no esperamos los estrenos musicales como antes.
Pero eso no significa que hayan dejado de existir videos capaces de marcar una generación.
Tal vez no dejamos de ser fans de los videos musicales. Simplemente dejamos de darles el tiempo que antes les dedicábamos.

