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Un estudio publicado en la revista Nature y difundido por la doctora Sara Marín Berbell, especialista en microbiota, encontró que ciertos hábitos alimentarios mantenidos durante décadas podrían estar relacionados con un menor riesgo de sufrir un infarto.
La investigación siguió a los participantes durante 33 años, convirtiéndose en uno de los estudios más extensos sobre la relación entre alimentación y salud cardiovascular. Los resultados mostraron que quienes consumían regularmente cuatro grupos de alimentos presentaban un menor riesgo de desarrollar enfermedades del corazón.
La relación entre el intestino y el corazón
De acuerdo con la especialista, la microbiota intestinal desempeña un papel importante en la salud cardiovascular.
Las bacterias beneficiosas que habitan el intestino utilizan la fibra presente en algunos alimentos para producir compuestos con efecto antiinflamatorio, lo que podría favorecer la salud de las arterias.
En contraste, una dieta rica en alimentos ultraprocesados y azúcares favorece la producción de sustancias como el TMAO (óxido de trimetilamina), un compuesto que diversos estudios han asociado con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
1. Frutos secos y semillas
El primer grupo recomendado incluye nueces, almendras, pistaches, semillas de chía, linaza y otras semillas.
Estos alimentos aportan grasas saludables, fibra y fitoesteroles, sustancias que ayudan a disminuir la absorción del colesterol en el intestino.
Consumidos con moderación, forman parte de una alimentación asociada con una mejor salud del corazón.
2. Cereales integrales
Los investigadores también destacan el consumo de cereales integrales, especialmente la avena.
Su alto contenido de fibra favorece el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino y la producción de butirato, un compuesto relacionado con procesos antiinflamatorios.
Además, ayudan a controlar los niveles de glucosa y colesterol.
3. Fruta entera
La investigación recomienda priorizar la fruta completa sobre los jugos.
Al conservar su fibra natural, la fruta permite una absorción más lenta de los azúcares y contribuye al buen funcionamiento de la microbiota intestinal.
Manzanas, frutos rojos, cítricos y otras frutas frescas forman parte de este patrón alimentario.
4. Reducir el consumo de sal
Más que incorporar un alimento específico, el cuarto hábito consiste en disminuir el exceso de sodio.
Consumir demasiada sal favorece la retención de líquidos y puede elevar la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares.
Preparar alimentos en casa y revisar las etiquetas nutricionales son algunas estrategias para reducir su consumo.
¿Qué encontró el estudio?
Tras más de tres décadas de seguimiento, los investigadores observaron que las personas cuya alimentación incluía regularmente:
- Frutos secos y semillas.
- Cereales integrales.
- Fruta entera.
- Una dieta baja en sal.
presentaban un menor riesgo de sufrir un infarto en comparación con quienes consumían estos alimentos con menor frecuencia.
Sin embargo, los autores aclaran que se trata de una asociación entre estos hábitos y un menor riesgo cardiovascular, no de una garantía de prevención. La alimentación es solo uno de los factores que influyen en la salud del corazón, junto con la actividad física, el descanso, no fumar y el control de enfermedades como la hipertensión o la diabetes.
La importancia de los hábitos a largo plazo
Los resultados refuerzan una idea ampliamente respaldada por la evidencia científica: la salud cardiovascular depende más de los hábitos sostenidos durante años que de cambios temporales en la alimentación.
Mantener una dieta equilibrada, rica en alimentos naturales y baja en productos ultraprocesados continúa siendo una de las principales recomendaciones para reducir el riesgo de enfermedades del corazón y mejorar la calidad de vida.
