¿Recuerdas a los emos?
Esa tribu urbana que vestía casi siempre de negro, usaba botas, cadenas, delineador y tenía un elemento prácticamente inconfundible: el cabello oscuro, largo y perfectamente acomodado para cubrir media cara.
Durante los 2000, ser emo no era solamente una manera de vestirse. También significaba escuchar cierto tipo de música, reunirse con personas que compartían tus gustos y, sobre todo, pertenecer a una comunidad.
Y en México hubo un momento que quedó marcado en la cultura popular.
En 2008, la Glorieta de Insurgentes, en la Ciudad de México, fue escenario de un enfrentamiento entre emos y otros grupos juveniles. El conflicto escaló hasta convertirse en uno de esos acontecimientos que hoy parecen casi imposibles de explicar sin decir: “tenías que estar ahí”.
El fenómeno fue tan grande que llegó hasta la televisión. La Rosa de Guadalupe hizo su propia interpretación de la cultura emo en uno de esos capítulos que, con el paso de los años, terminaron convirtiéndose en parte de los recuerdos de toda una generación.
Pero los años pasaron.
Las tribus urbanas comenzaron a perder esa presencia tan marcada que alguna vez tuvieron en las calles, parques y centros comerciales. También cambiaron los gustos musicales: llegaron nuevas generaciones dominadas por el reguetón, el trap, el indie pop y muchas otras tendencias.
Y los emos aparentemente desaparecieron.
¿O no?
Porque hay un pequeño detalle que a veces olvidamos: los emos no se esfumaron, simplemente crecieron.
Aquellos adolescentes que se vestían de negro, se tapaban media cara con el fleco y probablemente tenían una canción triste como estado ahora tienen 30 o 40 años. Muchos tienen trabajos de oficina, pagan impuestos, manejan, tienen hijos y seguramente alguno está leyendo un correo de “cordial seguimiento” mientras recuerda la época en la que su mayor preocupación era conseguir boletos para ver a su banda favorita.
Se convirtieron en adultos.
Y quizá por eso resulta tan interesante compararlos con las tendencias actuales.
Hoy vemos aparecer estéticas, cores y modas constantemente en TikTok. Una llega, domina nuestras redes durante algunos meses y rápidamente aparece otra para reemplazarla. Son tendencias mucho más rápidas y, en algunos casos, más efímeras.
Los emos, en cambio, pertenecieron a una época en la que una estética podía convertirse en una identidad completa.
Por eso tengo una teoría: los emos todavía están entre nosotros.
Quizá ya no llevan el fleco sobre los ojos para ir a trabajar y probablemente dejaron las cadenas guardadas en algún cajón. Tal vez ahora se ponen una camisa para entrar a la oficina y cambiaron el delineador por las ojeras de levantarse temprano.
Pero estoy segura de que más de uno llega a su casa, pone aquella playlist que escuchaba hace años y, aunque sea durante un rato, vuelve a ser emo.
Porque las modas desaparecen.
Pero algunas etapas simplemente crecen contigo.

