Nada, si me lo preguntas. Pero, al parecer, para algunas personas un apellido puede ser motivo suficiente para burlarse de alguien y hasta relacionarlo con su situación económica.
Eso fue justamente lo que pasó con Alex Tacher, David Beja y Moisés Shor, integrantes del podcast Par de Tres, quienes recientemente se volvieron virales por un fragmento de uno de sus videos.
Todo comenzó mientras pedían comida en Costco. Al hablar de los precios económicos, empezaron a bromear sobre qué tipo de familias comprarían ahí: González, Gutiérrez y otros apellidos terminados en “ez”.
“Qué pena que tu apellido acabe en ez, la mitad de México, pues qué pena. Lo que callan los jodidos”, dijo Alex Tacher mientras sus amigos seguían la conversación.
El fragmento rápidamente circuló por redes sociales y provocó críticas por el tono clasista de los comentarios. Y no es difícil entender por qué: basta mirar alrededor para darse cuenta de que llevar un apellido terminado en “ez” no dice absolutamente nada sobre lo que una persona puede lograr.
Hablemos, por ejemplo, de un Méndez.
José Eduardo Méndez Delgado es un astrofísico mexicano formado en instituciones públicas y actualmente investigador de la UNAM. En 2023 participó en la resolución de un problema histórico de la astrofísica relacionado con las nebulosas, un trabajo publicado en Nature. En 2026 recibió el Premio Princesa de Girona Internacional de Investigación por sus aportaciones al estudio del origen y evolución de las galaxias y de los elementos químicos presentes en las nebulosas.
Ahora señalemos a una Ramírez.
Lorena Ramírez, corredora rarámuri originaria de Chihuahua, se hizo mundialmente conocida después de ganar en 2017 el UltraTrail Cerro Rojo: 50 kilómetros que recorrió con su vestimenta tradicional y huaraches. Años después, en 2025, recibió el Premio Nacional de Deportes por su trayectoria en el ultramaratón.
Y también tenemos a un Hernández.
José Hernández, hijo de una familia de trabajadores agrícolas mexicanos, llegó a convertirse en astronauta. Antes de viajar al espacio, trabajó como ingeniero y fue parte del equipo que desarrolló el primer sistema de imágenes de mamografía digital de campo completo, tecnología aplicada a la detección del cáncer de mama.
Méndez. Ramírez. Hernández.
Tres apellidos terminados en “ez” y tres historias que sirven para recordar algo bastante sencillo: un apellido no determina tu educación, tu capacidad, tu situación económica y mucho menos hasta dónde puedes llegar.
Para mí, el problema nunca estuvo en el apellido.
El problema está en creer que el apellido de alguien te da derecho a asumir cuánto dinero tiene, de dónde viene o cuánto vale. Está en vivir dentro de una burbuja y convertir el clasismo en un chiste solamente porque quienes están sentados a tu lado también se ríen.
Así que no, no me da pena que un apellido termine en “ez”.
En mi opinión, la pena debería estar en otra parte.
Porque si algo demostraron un Méndez, una Ramírez y un Hernández, es que un “ez” al final de tu apellido jamás va a definir qué tan lejos puedes llegar.

