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Cómo un chiste entre científicos terminó dando origen a los famosos emoticones

Datos Curiosos
Michell Zepeda — Redacción 6W News · · ⏱ 5 min de lectura

Mucho antes de los emojis que hoy aparecen en prácticamente cualquier conversación digital, un malentendido entre investigadores terminó impulsando una solución tan sencilla como influyente: 🙂 y :-(.

La propuesta fue publicada el 19 de septiembre de 1982 por Scott Fahlman, entonces profesor asistente de investigación en informática de la Universidad Carnegie Mellon.

Su intención era resolver un problema que continúa siendo familiar en internet: ¿cómo dejar claro que un comentario escrito es una broma cuando no existen gestos, expresiones faciales ni tono de voz?

Todo comenzó con una broma sobre un ascensor

La historia comenzó días antes, cuando el informático Neil Swartz planteó un problema de física en uno de los foros electrónicos utilizados por la comunidad de Carnegie Mellon.

La discusión analizaba qué sucedería con determinados objetos dentro de un ascensor en caída libre e incluía un escenario con una vela encendida y una gota de mercurio.

Posteriormente, Howard Gayle publicó una advertencia humorística en la que aseguraba que un ascensor había sido contaminado con mercurio y había sufrido daños por un incendio provocado durante un supuesto experimento.

Aunque otros mensajes aclararon que se trataba de una broma, algunas personas interpretaron la publicación como verdadera.

El episodio abrió entonces una discusión sobre cómo señalar claramente los mensajes humorísticos dentro de una conversación digital.

Antes del 🙂 hubo varias propuestas

El 17 de septiembre de 1982, Swartz sugirió utilizar un asterisco (*) en el asunto de las publicaciones que debían interpretarse como bromas.

Otros participantes comenzaron rápidamente a plantear alternativas.

Joseph Ginder propuso utilizar el símbolo %, mientras que Anthony Stentz sugirió emplear * para los buenos chistes y % para los malos.

Keith Wright planteó el símbolo &, mientras Leonard Hamey sugirió {#}, cuya apariencia recordaba unos labios con dientes.

Incluso existía un grupo de usuarios que empleaba la combinación __/ como representación de una sonrisa, aunque este sistema aparentemente no consiguió extenderse fuera de su comunidad.

Scott Fahlman propone el famoso 🙂

Dos días después, el 19 de septiembre de 1982, Scott Fahlman intervino en la conversación con una propuesta que terminaría convirtiéndose en parte de la historia de internet.

Sugirió utilizar:

🙂 para identificar los chistes.

Y:

🙁 para señalar mensajes que no fueran bromas.

La clave estaba en leer los caracteres de lado, convirtiendo simples signos de puntuación en representaciones básicas de una cara sonriente o triste.

¿Por qué triunfaron estos emoticones?

La propuesta tenía una ventaja fundamental: era extremadamente sencilla.

Los sistemas informáticos utilizados en aquella época tenían importantes limitaciones gráficas. Las terminales estaban restringidas básicamente a caracteres imprimibles del estándar US-ASCII, por lo que crear imágenes como las actuales no era una opción.

Fahlman aprovechó tres caracteres disponibles en prácticamente cualquier teclado para crear una pequeña representación visual.

Además, su sistema permitía diferenciar tanto los mensajes humorísticos como aquellos que debían interpretarse seriamente.

Los emoticones comenzaron a recorrer internet

La idea no permaneció únicamente dentro de Carnegie Mellon.

Los emoticones comenzaron a difundirse a través de ARPAnet, una de las redes precursoras del internet moderno, alcanzando universidades y centros de investigación.

Para noviembre de 1982, menos de dos meses después de la publicación original, ya existían conversaciones sobre el concepto de la cara sonriente digital en otros centros tecnológicos.

Con el tiempo, las expresiones fueron simplificándose y aparecieron variantes como 🙂 y 🙁, además de muchas otras combinaciones utilizadas para representar diferentes emociones.

El mensaje original estuvo perdido durante años

Curiosamente, durante mucho tiempo no existió una copia fácilmente accesible del mensaje original de Fahlman.

Los sistemas informáticos de Carnegie Mellon habían cambiado y las antiguas publicaciones parecían haberse perdido.

Entre 2001 y 2002 comenzó entonces una especie de “arqueología digital” para localizar aquella conversación.

El proyecto consiguió recuperar antiguas cintas de respaldo de 1982, encontrar equipos capaces de leerlas, interpretar formatos informáticos obsoletos y finalmente localizar las publicaciones.

La recuperación permitió reconstruir no solamente el mensaje de Fahlman, sino también la discusión colectiva que había ocurrido durante los días anteriores.

Los emoticones no fueron creación de una sola persona

Los mensajes recuperados revelaron que el nacimiento de 🙂 fue más complejo que la historia de un inventor teniendo repentinamente una idea.

Varios integrantes de la comunidad habían estado proponiendo diferentes sistemas para distinguir bromas y mensajes serios.

La contribución de Fahlman fue presentar una alternativa simple, visual, fácil de reproducir y suficientemente clara como para propagarse rápidamente.

El propio investigador ha reconocido que probablemente no fue la primera persona de la historia en escribir esos tres caracteres consecutivamente.

Existen antecedentes de símbolos similares e incluso propuestas anteriores para crear signos tipográficos capaces de representar una sonrisa.

De los emoticones a los emojis

Los emoticones basados en caracteres dominaron durante años buena parte de la comunicación digital, pero posteriormente apareció otra forma de expresión visual: los emojis.

A diferencia de 🙂 o :-(, los emojis son imágenes pictográficas capaces de representar emociones, personas, animales, alimentos, objetos y numerosas ideas.

En Japón existieron diferentes antecedentes de estos símbolos visuales durante las décadas de 1980 y 1990, antes de su expansión internacional.

La estandarización de emojis mediante Unicode en 2010 y su posterior incorporación a plataformas móviles ayudaron a impulsar su adopción global.

Una pequeña solución que transformó la comunicación digital

Lo que comenzó como una discusión sobre cómo evitar que una broma fuera interpretada seriamente terminó creando una de las convenciones más reconocibles de la comunicación en internet.

Los emojis han sustituido buena parte del uso cotidiano de aquellos primeros emoticones, pero combinaciones como :-), :), 🙁 y 🙁 siguen siendo reconocibles décadas después.

La importancia de Scott Fahlman no radica necesariamente en haber sido la primera persona en combinar esos caracteres, sino en proponerlos en el lugar y momento adecuados para que pudieran extenderse por las primeras redes informáticas.

Una solución de apenas tres caracteres terminó convirtiéndose en parte del lenguaje digital. 🙂

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