Últimamente me han aparecido muchas fotografías y videos de desayunos que las personas consideran saludables.
Un avocado toast, un bowl de yogur con granola y frutas, un smoothie de colores o alguna receta con ingredientes que probablemente no tenemos todos los días en nuestra cocina.
Y no digo que sean malas opciones.
Pero me llama la atención que, cuando buscamos ideas para comer saludable en internet, pareciera que siempre terminamos encontrándonos con los mismos platillos.
Desayunos perfectamente acomodados, ingredientes de moda y presentaciones que parecen hechas especialmente para tomarles una fotografía.
Y entonces me pregunto: ¿en qué momento comenzamos a pensar que un desayuno saludable tiene que verse de determinada manera?
Porque un desayuno también puede ser unos huevos con jamón, unos chilaquiles o cualquier otro platillo que hemos comido durante años en nuestras casas.
Cuando lo saludable se volvió una estética
Creo que una parte importante de esta percepción tiene que ver con las redes sociales.
Hoy no solamente buscamos que nuestra comida sea nutritiva, también parece que queremos que sea bonita.
Que tenga colores que combinen, ingredientes que estén de moda y una presentación que podamos compartir en Instagram o Pinterest.
Y aunque no tiene nada de malo disfrutar de una comida visualmente atractiva, el problema comienza cuando confundimos esa apariencia con su valor nutricional.
Un desayuno no es automáticamente más saludable porque tenga aguacate sobre un pan tostado ni menos saludable porque incluya tortillas, salsa o frijoles.
Todo depende de sus ingredientes, las porciones, la preparación y del conjunto de nuestra alimentación.
Pero en redes sociales muchas veces parece existir una imagen muy específica de cómo debería verse alguien que come bien.
Y esa imagen no siempre se parece a nuestra cocina.
¿Por qué dejamos fuera a la comida mexicana?
La gastronomía mexicana está llena de ingredientes que pueden formar parte de una alimentación equilibrada.
Frijoles, maíz, verduras, nopales, calabaza, jitomate, aguacate y una gran variedad de alimentos que hemos utilizado durante generaciones.
Sin embargo, pareciera que cuando pensamos en preparar algo saludable, muchas veces buscamos recetas internacionales antes de considerar lo que ya tenemos en casa.
Y eso me resulta curioso.
Porque unos chilaquiles pueden incluir tortillas, salsa, huevo, pollo o frijoles, dependiendo de cómo los preparemos.
Un plato de pozole puede aportar proteínas a través de la carne, carbohidratos del maíz y verduras como lechuga, rábano o cebolla.
Eso no significa que todas las preparaciones sean nutricionalmente iguales ni que cualquier porción sea adecuada para todas las personas.
Pero sí demuestra que no necesitamos dejar de comer nuestros platillos tradicionales para alimentarnos bien.
Comer saludable no significa dejar de comer mexicano.
La idea de que comer bien es caro
También creo que estas tendencias han contribuido a crear otra percepción: que para comer saludable necesitamos gastar mucho dinero.
Vemos recetas que incluyen productos importados, suplementos, ingredientes especiales o alimentos que se presentan como indispensables para tener una buena alimentación.
Y de pronto parece que necesitamos cambiar por completo nuestra despensa.
Pero no necesariamente es así.
Una alimentación equilibrada también puede construirse con ingredientes cotidianos, accesibles y culturalmente familiares.
No necesitamos comprar todos los productos que recomienda una influencer ni preparar desayunos elaborados para nutrirnos.
A veces basta con aprender a combinar mejor los alimentos que ya consumimos, incorporar variedad y prestar atención a las cantidades y formas de preparación.
Y eso me parece importante porque la alimentación saludable no debería sentirse como un lujo reservado para quienes pueden seguir todas las tendencias.
Lo que vemos todos los días también tiene valor
Quizá parte del problema está en que hemos crecido rodeados de comida mexicana.
Estamos tan acostumbrados a ver tortillas, frijoles, huevos, salsas y guisos en nuestras casas que dejamos de pensar en ellos como alimentos que también pueden nutrirnos.
Los vemos como algo cotidiano.
Mientras tanto, cuando aparece una receta nueva con ingredientes diferentes y una presentación llamativa, inmediatamente puede parecernos más interesante.
Pero lo novedoso no siempre es mejor.
Y lo tradicional no necesariamente es menos saludable.
Nuestra cocina tiene historia, identidad y una enorme diversidad de ingredientes y preparaciones que merecen ser valorados también desde el punto de vista nutricional.
No todo tiene que verse como en Pinterest
No creo que tengamos que dejar de comer avocado toast, yogur con granola o cualquiera de esos desayunos que vemos constantemente en redes sociales.
Si nos gustan, podemos disfrutarlos.
Pero tampoco creo que debamos sentir que estamos comiendo mal simplemente porque nuestro desayuno se parece más al que preparaban en nuestra casa que al que vimos en internet.
Comer saludable no debería depender de qué tan bonita se ve una fotografía ni de cuánto dinero gastamos en los ingredientes.
Debería tratarse de encontrar un equilibrio que funcione para nuestras necesidades, posibilidades y costumbres.
Y quizá también de volver a valorar esos platillos que hemos tenido frente a nosotros durante toda la vida.
Porque a veces estamos tan ocupados buscando nuevas maneras de comer mejor que olvidamos mirar lo que ya tenemos.
Tal vez no necesitamos que nuestra comida se parezca más a Pinterest. Tal vez necesitamos dejar de pensar que lo nuestro vale menos porque lo hemos tenido siempre.

