¿Te has preguntado por qué cada vez que vemos una película de Studio Ghibli terminamos con ganas de probar lo que están comiendo los personajes?
Desde el ramen de Ponyo hasta el desayuno de El increíble castillo vagabundo, hay algo en la comida de estas películas que hace que prácticamente podamos imaginar su sabor.
Y creo que gran parte de la respuesta está en la atención que Hayao Miyazaki pone en los pequeños detalles.
Más que buscar que la comida simplemente se vea realista, las películas de Ghibli consiguen que se sienta real.
Está el vapor que sale de un plato recién preparado, la textura de los ingredientes, el movimiento de un huevo al caer sobre una sartén o incluso la manera en la que un personaje sostiene, prepara y finalmente prueba la comida.
Pero hay un detalle que hace todo esto todavía más interesante: los platillos que aparecen en las películas están inspirados en comidas que el propio Miyazaki ha cocinado o probado en la vida real, según ha explicado el productor de Studio Ghibli, Toshio Suzuki.
Quizá por eso existe tanta atención a la manera en la que se comportan los alimentos. Son detalles pequeños, pero juntos provocan algo muy particular: por unos segundos dejamos de pensar que estamos viendo un dibujo y sentimos que realmente hay alguien comiendo frente a nosotros.
Y eso también explica por qué estas escenas pueden transmitir tanto sin necesidad de grandes diálogos.
En Ghibli, preparar y compartir comida muchas veces significa hacer una pausa. Es sentarse alrededor de una mesa, cuidar de alguien, recuperar fuerzas después de un día complicado o simplemente disfrutar de algo cotidiano.
Quizá por eso esas escenas también nos generan tanta nostalgia y comfort.
No necesitamos haber probado exactamente esos platillos para reconocer la sensación que representan. Todos sabemos lo que significa llegar con hambre y encontrar comida caliente, preparar algo para alguien que queremos o sentarnos a comer después de un día largo.
Esa es una de las muchas razones por las que Studio Ghibli es una de mis productoras favoritas. La atención que pone en cosas aparentemente tan sencillas logra que sus mundos se sientan vivos y que, incluso después de terminar una película, queramos regresar a ellos.
Aunque, claro, casi siempre regresamos con un efecto secundario: hambre.
Y tú, ¿qué platillo de Studio Ghibli siempre has querido probar?

