Hace poco me encontré con una noticia sobre dos pandas que China había enviado a Estados Unidos.
A simple vista podría parecer una historia bonita: dos pandas que llegan a un zoológico y se convierten inmediatamente en una atracción. Pero detrás de estos animales existe algo que me pareció todavía más interesante.
Porque cuando China envía un panda a otro país, no solamente está enviando un animal.
Está enviando un símbolo.
El panda como representante de China
El panda gigante es uno de los animales más reconocibles de China y durante décadas ha estado relacionado con la imagen internacional del país.
Esto dio origen a algo conocido como “diplomacia del panda”: la práctica de utilizar estos animales como parte de las relaciones diplomáticas con otras naciones.
Durante buena parte del siglo XX, China entregó pandas como regalos a otros países. Eran gestos que podían representar amistad, acercamiento y cooperación.
Con el tiempo, la práctica cambió.
Actualmente, los pandas que llegan a zoológicos extranjeros generalmente no son regalos, sino que forman parte de acuerdos de cooperación, conservación e investigación.
Un ejemplo son Bao Li y Qing Bao, los dos pandas que llegaron al Zoológico Nacional del Smithsonian, en Washington, en octubre de 2024. Su llegada forma parte de un acuerdo de investigación y reproducción con vigencia hasta 2034. Tanto ellos como las posibles crías permanecen bajo propiedad de China.
Y eso hace que me resulte todavía más interesante la historia de los pandas en México.
La excepción mexicana
México recibió a Ying Ying y Pe Pe en 1975.
Los dos pandas llegaron a Chapultepec como parte de un gesto diplomático que simbolizaba la amistad y cooperación entre México y China. Pero llegaron durante aquella época en la que China todavía utilizaba a los pandas como regalos diplomáticos.
Y ahí comenzó una historia que terminaría convirtiendo a México en un caso muy particular.
En 1981 nació Tohui, hija de Ying Ying y Pe Pe, quien se convirtió en la primera panda gigante nacida fuera de China que consiguió llegar a la edad adulta. El programa de Chapultepec alcanzó ocho nacimientos de pandas y se convirtió en uno de los casos más exitosos de reproducción de la especie fuera de China.
Actualmente queda Xin Xin.
Y su historia es diferente a la de muchos de los pandas que vemos en zoológicos alrededor del mundo.
Xin Xin nació en México y desciende de aquellos pandas que llegaron cuando todavía eran entregados como regalos. Por eso no forma parte del actual sistema en el que los ejemplares y sus descendientes permanecen bajo propiedad china. Hoy es la única panda gigante que vive en América Latina.
No sé si llamarlos “ofrendas” sea completamente correcto.
Pero sí me gusta pensar que durante décadas los pandas han representado algo mucho más grande que ellos mismos.
Un animal que para nosotros puede ser simplemente adorable, para dos países puede representar amistad, cooperación, conservación y hasta un momento determinado de su relación diplomática.
Y quizá eso explique por qué la llegada o despedida de un panda puede convertirse en noticia internacional.
Porque cuando China envía un panda al otro lado del mundo, no solamente estamos viendo llegar a un animal a un zoológico.
También estamos viendo una forma de diplomacia que lleva décadas caminando sobre cuatro patas.

